La que fui ayer, la que conociste,
hoy no existe.
Mis ojos vieron lo que estaba oculto,
mis manos se enfriaron,
sobre mis hombros cargue la soledad,
entre mantos enterre a mis hijos.
Así que, al verme pasar frente a ti,
no te sorprendas si no te reconozco,
si no encuentro en tu sonrisa tus dientes blancos
o tras tus labios tu lengua;
que no te parezca extraño si mi piel ha cambiado
o si camino con otros pasos.
La que fui ayer, la que te conocío,
hoy no te conoce.
Nuestros recuerdos se quedaron guardados
en una casa de la que ya me he mudado.
La que fui ayer, la que conocí,
ha quedado como un recuerdo del pasado.
Ahora soy así. Si no me reconoces, mejor para ti.
(Aquí es la escena donde el Maestro Infalible de la Humanidad
pone el velo mortuorio a nuestra historia)
No comments:
Post a Comment