Algo de mí dejé en el camino,
como la piel de la serpiente en el desierto,
como la cáscara de la fruta que comió el armadillo bajo el árbol.
Algo de mí dejé en el camino,
tan pesado que ahora en lugar de caminar vuelo,
tan antiguo como las campanas de la iglesia del viejo San Juan.
Algo de mí dejé en el camino,
un listón de color amarradito a cada árbol por donde marqué mi destino
así el caminante pueda seguir mi rastro hasta el cenote sagrado
donde estoy esperándolo para dar el salto hacia la eternidad.
Hermoso!!!
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