En la soledad de la noche,
en un cuarto iluminado, con paredes blancas,
nos encontramos.
Todas las horas de la madrugada nos pertenecen.
Camino uno, dos, tres pasos, hasta encontrarte.
Vainilla y naranja adornan con perfumes mi cabello
y bajo la luz, en el centro de la habitación,
nos miramos.
Primero los ojos, despues los labios.
Me distrigo al mirar tu lengua tras tus dientes.
De mi cuerpo vibrante salen luces de colores al
contacto de las yemas de tus dedos con mis hombros.
Y nos miramos. Nos miramos con la ropa puesta
y puedo sentir tus costillas,
incluso la que te hace falta.
Nos miramos tras los ojos
y puedes ver los destellos de mi pasión
que se desborda al rozar tu cuello con mis labios.
Hiciste lo mismo,
besas mi cuello,
con un beso tierno
con un beso intenso
placer y dolor en balance
y siento humedad en mi cuello
y un pétalo de rosa cae al piso salpicando
de rojo carmesí
nuestros pies descalzos y ahi,
me entrego a ti.
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